1941-1951

Prolegómenos de un pintor

A comienzos de los años 40 la familia se traslada a Cehegín, donde Bibiana, como en Garrucha, se ocupa de la centralita de teléfonos. El párroco de la Magdalena, don Antonio Sánchez Maurandi, le encarga pinturas en la iglesia que restaura. Plazo breve, malos andamios, algún dinero. También por medio de este mismo sacerdote pintaría para las monjas de Mula toda la cabecera del altar mayor y el bocaporte del camarín con una Anunciación. Viajes a Granada, a Madrid, a Zaragoza y a Barcelona, comprobando que viajar es barato. Museo del Prado, Museo de Arte Contemporáneo... Museos de Barcelona. Hace acuarelas y aguadas de tinta de paisajes y monumentos de esas ciudades. Se siente atraído por el arte y la buena estrella de Fortuny. Le asombran Goya, Velázquez y El Greco.

Desde 1941 reanuda, en sus viajes a Lorca, la amistad con don Joaquín Espín, al que había conocido el año treinta y nueve y del que recibiría preciosos libros de arte y de práctica de la pintura, consejos y, lo más importante, conversación larga, no empujada por la prisa ni el horario convencional que el erudito lorquino no aceptaba. Interés por el escritor supuestamente lorquino Pérez de Hita y por su obra. Enrique Espín Rodrigo, hijo de don Joaquín, es pintor aficionado y se interesa por la historia. La relación amistosa con Enrique se prolongará a lo largo de los años y continúa hoy con su viuda, Carmen Ayala Gabarrón.

A partir de 1942 comenzaría a trabajar por primera vez en Murcia llamado por el párroco de San Antolín, que es también don Antonio, y que se ocupa de levantar el templo desde sus cimientos. Pinturas en la capilla de la Comunión, aneja al templo, y dirección artística de las obras. Ese año recibe el tercer premio en la Exposición Regional de Cieza con el cuadro titulado "Calle de Cehegín".

En esta época toma contacto definitivo con la ciudad, fijando en ella su residencia, y se hacen frecuentes los viajes a Madrid. Aumentan sus relaciones con personas que le son afines. Entre los artistas pueden citarse los nombres de Juan González Moreno, José Planes y Antonio Villaescusa, escultores, y los pintores Molina Sánchez, Blas Rosique, Hernández Carpe, Reyes Guillén, Medina Bardón, Almela Costa, Mariano Ballester y Luis Garay. Entre los poetas, escritores y profesores de la Universidad se encuentran Cano Pato, Torrentbó, Alemán Sainz, Fernández Delgado Marín-Baldo, Antonio de Hoyos, Julián Andúgar, Dictinio del Castillo, Salvador Jiménez, Torres Fontes y Valbuena Prat. Acude a tertulias, como la conocida de Ruiz Funes, y también hace amistad con personas aficionadas al arte, entre otros los abogados Pérez Martínez y Cayetano Molina.

Las estancias en Madrid, según lo permitiera el dinero, las aprovecha para completar su formación visitando exposiciones y acudiendo al Círculo de Bellas Artes, a dibujar del natural, y a los museos de El Prado y de la Academia para realizar copias de cuadros clásicos. Comparte pensión con Molina Sánchez y con el historiador y crítico de arte Julián Gállego. De aquellas vivencias guarda enseñanzas y gratísimos recuerdos.

Menudean por estos años las exposiciones individuales en Murcia en las que, a pesar de mostrar obras propias de un principiante, recoge halagos y sugerencias de los críticos murcianos y un dinero que le ayuda a vivir y le anima a seguir trabajando. Sigue presentando trabajos a los concursos de pintura que se organizan y obtiene dos terceros premios en las exposiciones del 44 y 45, organizadas por el Ayuntamiento de Murcia, y una mención en el convocado en 1949 por la Diputación con el nombre de "Alfonso X el Sabio".

Los trabajos de pintura religiosa en San Antolín llenan todo este tiempo, alternándose con otros de la misma naturaleza realizados en Hellín, donde restaura las pinturas de la iglesia del Rosario y diseña retablos para Millán, o las pinturas de la capilla de Fátima, en Espinardo, por encargo del presbítero Manuel Martínez Mondéjar. La amistad a partir de 1949 con Manuel Fernández Delgado Maroto, abogado, escritor, galerista y decorador, le llevaría a introducirse en el mundo del mural decorativo realizando en 1951 pinturas en la tienda "Chys" y en la brasserie del Hotel Victoria, ambos trabajos desaparecidos hoy. El 8 de diciembre de 1951 contraía matrimonio con Fuensanta Clares Pérez.